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/08.05.24

La Casona de Villapérez, por Luis Pastrana

LA CASONA DE VILLAPÉREZ

Por Luis Pastrana

 

LA CASA MUSEO

 

Tiene el tiempo movimientos cíclicos. El artista de grandes murales que recrea episodios históricos, que reinventa epopeyas de los hombres y que ha sabido plasmar la dureza del campo y de la vida campesina en paisajes y plasmaciones de tonalidades recias, donde el hombre y la tierra tienen en común los surcos de la vida trazando la edad, entrega su obra en una casona antigua, que ha visto pasar muchos tiempos difuminando el color de su teja, conocido grandezas de sus habitantes, y miserias también, visto emblema de la familia más orlada de León y hasta conoció la polémica en días no muy lejanos. La mejor casa que podría pintar el artista, no la dibujó nunca, simplemente ha colocado su obra privada en ella.

Posiblemente la calle viniera trazada más o menos como ahora. En aquel León de hace casi mil años, santificados por el románico y la dedicatoria a Santa María, antes que Catedral, los muros del palacio real asentados sobre las termas que solazaron a los primeros leoneses conocidos, legion en ellos sin saberlo, la vía que discurre desde Santa María y se acaba en la anchura cerca de Puerta Castillo, que en el siglo XV se llamaba ya de Villapérez, es tan conocida como todavía enigmática se presenta la rinconada.

El devenir inmobiliario de épocas antiguas llevaba a canónigos y sus familiares a afincarse cerca del primer templo leonés. Cierto es que documentalmente Veliz Pedrez o Villa Pedrez suena ya a mitad del siglo XIII con nombre propio, y que pequeños monasterios de no mucho antes eran devorados por las trasformaciones altomedievales que intentaban crear una ciudad, y aquellos cenobios ocuparon solares de gran tamaño que se modificaron en recintos habitados a los que se llamó corral. El vocablo, con significado ciertamente rural en nuestro corto vocabulario del presenta, resultó denominador de parajes muy concretos en un León que, sin explicación, ha seguido manteniendo tal nominación para este lugar o para el cercano Corral de San Guisán, y han desaparecido los de Santa Leocadia o San Mamés. El Corral de Villapérez acaba pues configurándose en el mapa urbano como un lugar insólito y auténtico.

Datos hay que en el siglo XIII este lugar, y el arranque de la calle fue asiento preferente de habitación eclesiástica a través de la todavía desconocida Cofradía de Bachilleres o clérigos de coro, que adquirieron casas con cierta profusión, y mejor cuanto más cerca de la Catedral. Eso sirvió al menos para que en papeles de la época se empiece a hablar de la iglesia de Santa María, que cierra el Corral junto al monasterio de San Pelayo, cuyos muros románicos fueron demolidos en el siglo presente después de haber servido de primer colegio a los PP. Agustinos de su llegada a León, curso 1901-1902, y después a las Teresianas, en cuyo patio se conserva aún una torre de aquel tiempo, declarada oficialmente monumento.

Definido el Corral por este monasterio demolido en nuestros días, por la iglesia que tenía sacerdote propio conocido desde muy avanzado el XIII y hasta el XVIII, en que era parroquia, resulta que también los Quiñones, dominadores del poder municipal durante siglos, se fijaron en este rincón e hicieron de él un señorío dejando su huella heráldica sobre la fachada del templo, renovada en el XVIII con inusitada sencillez. Viene repitiéndose desde que lo escribiera Bravo Guarida (1924) que a mitad del siglo XV era señorío de Suero Pérez de Quiñones, sobrino del primer Conde de Luna y cuarto Señor de Alcedo, en cuyo apellido se mantuvo durante siglos y la mezcla de sangre entre familias nobles motivó que, a finales del XVII, dicho señorío estuviese en poder de Francisco Cabeza de Vaca Quiñones y Guzmán, marqués de Fuente Oyuelo, regidor perpetuo del Ayuntamiento y autor de la primera guía de protocolo municipal.

La casona forma parte de tanto devenir. De aspecto palaciego por superficie, hidalga en apellido y con el aspecto de tantas casas de la ciudad antigua donde adobes y tapial eran materia prima –pero aquí de grosor realmente notable–, indefinible en cuanto a datación si bien se destruyó un artesonado de hacia el XVII cuando fue demolido la parte esquinada que se declaró en ruina, mantiene otro de época similar en una sala del piso alto del cual se adivina continuación hacia la casa aneja. En el XIX fue vendida como casa vecinal, y de por entonces dataron modificaciones para hacer de ella dos casas independientes con acceso por el Corral y por la actual calle de Pablo Flórez (inmueble nº 11). Y así dejó pasar los días hasta los decisivos años ochenta en que tras diversos episodios administrativos es adquirida por la Junta de Castilla y León, restaurada mediante convenio por la Escuela Taller municipal, y permutado al Ayuntamiento el cual la destina como sede permanente de la Fundación “Vela Zanetti” tras haber otorgado al edificio un nivel de protección II en el Plan Especial de la Ciudad Antigua.